El Glorioso Retablo de los Reyes: Resplandece de Nuevo en la Catedral Metropolitana de la CDMX
A 22 metros de altura, en la cúspide del monumental Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, un resplandor dorado renace, devolviendo la magnificencia a la obra cumbre del escultor Jerónimo de Balbás. Este icónico retablo, que simboliza la bóveda celeste con la figura divina de Dios Padre en su centro, ha recuperado la luz que su creador imaginó hace casi tres siglos.
Ascender hasta esta joya arquitectónica es una experiencia que trasciende lo visual. Requiere escalar 11 pisos por estrechas escaleras de metal, dejando atrás la seguridad del suelo para aproximarse a la obra maestra de Balbás y al minucioso trabajo de un equipo de conservadores. Estos expertos han retirado meticulosamente décadas de suciedad acumulada, restaurando su esplendor sin comprometer la integridad de la pieza.
Una Colaboración para la Preservación del Patrimonio
La iniciativa para esta loable labor de conservación provino del Rector y Deán de la Catedral Metropolitana, José Antonio Carballo. La gestión del proyecto se ha llevado a cabo en colaboración con un patrocinador clave, el Doctor Simi, demostrando el poder de la alianza entre instituciones y entidades privadas para salvaguardar nuestro patrimonio.
"Nos contactaron a mediados del año pasado para solicitar una propuesta técnica y económica para realizar un mantenimiento general al retablo", explica Ricardo Muñoz Nájera, arquitecto responsable de la intervención. "Les comentamos que se trataría de un procedimiento de conservación preventiva. Comenzamos los trabajos a principios de enero y está programado que finalicen el 27 de marzo".
Conservación Preventiva: Un Enfoque para la Longevidad
Rosario Guerra Olvera, conservadora principal del proyecto, enfatiza que la intervención actual se centra en la conservación preventiva y no en una restauración completa. Desde su estreno en 1737, el retablo ha sido objeto de diversas intervenciones, pero esta vez, el enfoque está en garantizar su estabilidad a largo plazo.
Las acciones principales han consistido en:
- Retiro de polvo y suciedad superficial: Mediante técnicas mecánicas, aspiradoras y cepillos de cerdas suaves, se ha limpiado la superficie del retablo.
- Reintegración de color: En áreas específicas donde la pintura se había deteriorado, se ha procedido a la sutil reintegración del color para mantener la armonía visual.
"El objetivo es disminuir o paliar aquellos factores que puedan seguir afectando la estabilidad del retablo", señala Guerra Olvera. "Es un proceso mecánico ejecutado por especialistas en conservación".
Tecnología de Vanguardia para una Obra de Tres Siglos
La meticulosa planificación ha sido fundamental en esta intervención, especialmente en lo referente al montaje del andamio. Para facilitar la labor de los conservadores en esta compleja estructura de tres siglos de antigüedad, se ha empleado tecnología de vanguardia.
Ricardo Muñoz destaca el uso de un andamio modular, diseñado y montado con precisión milimétrica. "Se efectuó un escaneo mediante barrido láser para generar una nube de puntos, que es una representación tridimensional de la geometría del retablo", explica. "Dada su complejidad, con recovecos, esculturas, molduras, cornisas y otros elementos, era fundamental realizar un montaje preciso y sencillo, sin riesgos para el retablo ni para el personal". Esta tecnología, respaldada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), garantiza la seguridad y eficiencia del proceso.
Un Tesoro del Barroco Mexicano que Revive
El Retablo de los Reyes es una de las cumbres del barroco mexicano, y su última intervención de gran envergadura tuvo lugar en 2006. En aquella ocasión, los gobiernos de México y España unieron esfuerzos para salvaguardar esta obra maestra, que presentaba daños acumulados, incluyendo los ocasionados por el incendio de 1967.
Jerónimo de Balbás, quien llegó a México alrededor de 1717, dedicó su vida a la creación de este retablo. Se estima que su construcción duró cuatro años, y el dorado, un proceso aún más extenso, tomó unos veinte años más. Balbás fue un pionero en el uso de las columnas estípites, un rasgo distintivo de este retablo y un elemento de gran relevancia histórica y cultural en el arte novohispano.
Ubicado en el ábside de la Catedral, el Retablo de los Reyes está tallado en madera de cedro blanco y recubierto con pan de oro. Su nombre se debe a las impresionantes esculturas de santos reyes que componen su iconografía. Próximamente, miles de fieles y visitantes podrán nuevamente admirar el resplandor celestial que corona este monumento, elevando la mirada para contemplar la magnificencia de una obra que trasciende el tiempo.
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