En recientes apariciones públicas, Nicolás Maduro ha adoptado el baile como una peculiar forma de protesta sarcástica. Ante la creciente tensión por un posible conflicto bélico entre Venezuela y Estados Unidos, Maduro utilizó movimientos de danza para expresar su desacuerdo.
Con coreografías animadas y entonando consignas como “not war”, ironizó sobre las advertencias de Donald Trump, quien insinuaba una intervención militar en Venezuela. Irónicamente, esta advertencia se materializó en la madrugada del 3 de enero, culminando en su detención por fuerzas militares estadounidenses.
En medio de un clima de alta tensión, Maduro llevó su mensaje de “no a la guerra” a través del movimiento. Sus gestos enérgicos, con puños arriba y abajo, giros y un constante vaivén de caderas al ritmo de frases como “peace forever”, “sí paz por siempre”, y la reiterada mención de “not war”, ahora son un eco del pasado. Desde su aprehensión por parte del gobierno de EE. UU., estas expresiones artísticas han cesado.
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Con una espontaneidad inusual, Maduro empleó coreografías y fragmentos de inglés para desviar la atención de las complejas diferencias geopolíticas con Estados Unidos. Su objetivo era crear un espectáculo diseñado para humanizar su figura y proyectar un mensaje de paz a nivel internacional.
Mediante la repetición de lemas y movimientos rítmicos, Maduro buscaba diluir la gravedad de la confrontación, transformándola en un entretenimiento que sirviera como distracción de la profunda crisis venezolana. De esta manera, consolidó su eslogan principal:
Yes peace, not war, yes peace forever
aDB

