Jalisco enfrenta una profunda crisis hídrica, marcada por una paradoja alarmante. Mientras extensas regiones sufren una aguda escasez de agua, la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) se ve asediada por inundaciones recurrentes y cada vez más severas durante la temporada de lluvias. Expertos de la Comisión Estatal del Agua (CEA) y académicos de la Universidad de Guadalajara han encendido las alarmas sobre esta compleja situación.
La vulnerabilidad hídrica de Jalisco se ha intensificado debido a una combinación de factores críticos: el inexorable avance del cambio climático, una expansión urbana descontrolada que avanza sin planificación y una infraestructura hidráulica obsoleta. Así lo confirman declaraciones de Mario López Pérez, líder de la CEA, y los hallazgos detallados en el Atlas de Riesgo estatal. Estos elementos configuran un panorama desolador, con más de 500 puntos identificados como propensos a inundaciones y un preocupante escenario de 30 acuíferos que superan su capacidad de explotación sostenible.
La red de drenaje y el sistema de transporte de agua, en gran medida legados de décadas pasadas, se muestran incapaces de responder a las actuales condiciones climáticas. Las precipitaciones, ahora más torrenciales y concentradas en periodos más cortos, generan flujos de agua desbordados que carecen de cauces naturales. Esto se debe a la progresiva desaparición de arroyos, la canalización de ríos y la creciente impermeabilización de los suelos como consecuencia del desarrollo urbano.
A esta problemática se suma la insaciable demanda de agua potable. El constante crecimiento demográfico y la dinámica de la actividad económica impulsan una necesidad cada vez mayor de este recurso vital. Sin embargo, su disponibilidad se ve drásticamente mermada por la sobreexplotación de las reservas subterráneas. De los 59 depósitos de agua subterránea que posee el estado, al menos 30 se encuentran en una situación crítica, comprometiendo seriamente el suministro futuro.
Los especialistas advierten con preocupación que la confluencia de una menor cantidad de lluvia, un incremento en la tasa de evaporación, la canalización de ríos y la deficiente gestión del tratamiento de aguas residuales están provocando una alarmante disminución en la cantidad total de agua disponible para el consumo y el desarrollo del estado.
Para poder abordar esta crítica situación y asegurar un futuro hídrico viable de cara al año 2050, se estima una inversión superior a los 100 mil millones de pesos. Estos fondos se destinarían a proyectos de gran envergadura, incluyendo la necesaria modernización de las redes de agua existentes, la construcción de nuevas plantas de tratamiento, la preservación activa de las cuencas hidrográficas y la garantía del acceso universal al agua para todos los habitantes de Jalisco.
En el ámbito del saneamiento hídrico, el desafío es igualmente monumental. Aunque Jalisco cuenta con alrededor de 90 plantas de tratamiento, un número significativo de ellas opera de manera incompleta o ineficiente. El objetivo prioritario es asegurar que todas las cabeceras municipales dispongan de instalaciones de tratamiento operativas y funcionales, lo cual requerirá no solo inversiones sustanciales, sino también una colaboración intergubernamental sólida y coordinada.
Presupuesto Hídrico: Un Déficit Preocupante
De cara al año 2026, no se ha proyectado ningún incremento presupuestario destinado a proyectos que aseguren el fundamental derecho humano al agua. La cifra asignada, que apenas supera los 1,500 millones de pesos, se mantiene estática respecto a la ejercida en 2025. Aquel año, se materializaron 142 proyectos, abarcando desde obras de infraestructura hidráulica hasta estudios de actualización esenciales derivados de la reciente modificación de la Ley de Aguas Nacionales.
“El presupuesto asignado es decididamente insuficiente; las necesidades son considerablemente mayores. Todavía queda mucha infraestructura por construir, reemplazar y restaurar. Existe una urgencia apremiante por reponer drenes, sistemas de alcantarillado y redes de agua potable, cuyas tuberías actuales presentan riesgos sanitarios y no son recomendables. ¡Es imperativo sustituirlas con urgencia!”, subrayó un experto.
La complejidad del problema hídrico de Jalisco trasciende la mera distribución de agua potable para abarcar también el crucial tratamiento de las aguas residuales. Las 12 regiones que conforman el estado claman por un saneamiento hídrico efectivo. Durante los recientes Foros del Agua celebrados este año, los alcaldes reconoció abiertamente la carencia de plantas de tratamiento adecuadas para garantizar el derecho humano al agua en sus respectivos municipios.
“El peligro latente y creciente proviene del cambio climático, que inevitablemente se traduce en una menor disponibilidad de agua superficial. Los escenarios prospectivos presentados por la SEMADET en su plan estatal anticipan un futuro para Jalisco con menos precipitaciones, temperaturas más elevadas y una mayor tasa de evaporación. En términos sencillos: ¡nos estamos secando a pasos agigantados! ¿Cuál es el efecto directo de esto? Disminuye la cantidad de agua que escurre en los cuerpos de agua naturales y, si a ello sumamos que no tratamos adecuadamente todas nuestras aguas residuales, las corrientes fluviales terminan altamente contaminadas”, advirtió un especialista en la materia.
Jalisco posee un total de 59 acuíferos, de los cuales alarmantes 30 se encuentran en una situación de sobreexplotación:
“Nos enfrentamos a un riesgo inminente de una sobreexplotación aún mayor. Debemos implementar una planificación estratégica para anticipar las acciones futuras necesarias, y es precisamente en lo que estamos trabajando intensamente: un programa hídrico integral para Jalisco con una visión clara hacia el año 2050. Este programa reconoce de antemano la realidad de la alteración climática y su repercusión directa en nuestros recursos hídricos, pero al mismo tiempo, somos plenamente conscientes de la necesidad crucial de continuar impulsando el desarrollo económico del Estado sin comprometer nuestro futuro hídrico.”
Actualmente, Jalisco opera con cerca de 90 plantas de tratamiento de aguas residuales, de las cuales la CEA administra directamente 54, a pesar de que la responsabilidad primaria de su operación recae en los municipios. En la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) específicamente, existe un ambicioso proyecto para la construcción de cinco plantas adicionales, lo que elevaría el total a siete y requeriría una inversión estimada superior a los 3,500 millones de pesos. El objetivo ambicioso para el año 2050 es que todas las cabeceras municipales del estado cuenten con plantas de tratamiento de agua plenamente operativas y abastecidas con energía limpia suficiente.
aDB

